REFLEXIÓN FILOSÓFICA DESDE “LA RISA FUERTE”

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 “EL SENTIDO DE LA VIDA”

Widilfo Astorga, filosofos. 20/10/2015

  Sumario A manera de Introducción_ 2 ¿Qué es la filosofía? 2 ¿Qué problema se trata en “La Risa Fuerte”? 4 ¿Cuál es la línea de reflexión y las respuestas? 5 El Problema del Sentido del existencia humana desde “La Risa Fuerte” 9 El “existir” ante el “vivir verdadero” 9 El ser humano como único viviente verdadero_ 10 El sentido de la existencia humana: la vida autónoma 11 Conclusiones 13 Tabla de Referencias 13

A manera de Introducción

¿Qué es la filosofía? Cuando me planteo una pregunta que no tiene ninguna respuesta satisfactoria o universalmente aceptada estoy tratando un problema filosófico. Existe infinidad de preguntas que el ser humano siempre se ha hecho y las cuales no tienen respuestas tales como ¿Existe Dios?¿De dónde venimos?¿Qué pasa con nosotros después de la muerte?¿Tenemos alma o somos solamente cuerpo? ¿Somos libres o estamos estrictamente determinados?, etc. (Frassineti de Gallo & Salatino, 1992). La Filosofía, desde mi punto de vista, incluye dos aspectos: 1- El cúmulo de respuestas a lo largo de la historia de la filosofía por parte de los filósofos que trataron tales problemas y, 2- la actividad misma de pensar reflexiva y críticamente, realizada por profesionales del campo o cualquier persona que tiene que enfrentarse a cualquiera de ellos. Así en el primer aspecto, tenemos doxologías completas realizadas por estudiosos de la filosofía en las que se sintetizan las respuestas de filósofos anteriores sobre un problema, la primera de las cuales es “La metafísica” de Aristóteles en las que resumen las respuestas al problema del origen de las cosas de este mundo. (Del griego doxa que significa opinión o recta opinión y logos que significa estudio). O un trabajo más contemporáneo como la de Hans Küng ¿Existe Dios? que resume las respuestas de los filósofos sobre este problema. Ahora bien, si creemos que la filosofía solo existe en las respuestas de otros filósofos respecto a estos problemas, y están impresos en los libros, estaríamos condenando a la misma a la sola reflexión sobre lo ya hecho, lo ya pensado. Usualmente en los libros de Metodología de la investigación filosófica se especifica categóricamente que la investigación de un filósofo se restringe en los libros, que el laboratorio de un filósofo son los libros (Krause, 1986), (Hernández Sampieri, Fernando Collado, & Baptista Lucio, 2010). Si bien es cierto que en la investigación filosófica no se realizan investigaciones de campo, como encuestas, entrevistas, observaciones, etc., no es menos cierto que si redujéramos a la filosofía a la mera lectura de respuestas de otros filósofos tales otros filósofos jamás hubiesen escrito nada si no se hubieran atrevido a pensar. Es pues en esto en que consiste realmente la filosofía, en la segunda concepción que hemos señalado, la filosofía como actividad de pensar reflexiva y críticamente sobre los problemas filosóficos. Esta actividad es la que origina todos los libros de filosofía. Además no hace falta ser especialista en filosofía para reflexionar en problemas tan importantes como los éticos: ¿Es correcto abortar? ¿Me está permitido adelantar la muerte de las personas que sufren enfermedades terminales? O los metafísicos, como: ¿Tengo alma o soy solamente cuerpo? ¿Qué soy verdaderamente? ¿Cuál es la esencia del ser humano? ¿Cómo es Dios?, ¿Existe?, etc. ¿Qué problema se trata en “La Risa Fuerte”? Fue justamente este convencimiento el que me ha llevado a escribir un libro, si bien tengo títulos académicos que me habilitan a ejercer la filosofía como profesional: Profesor de Filosofía y Ética y Licenciado en Filosofía, ambos obtenidos en esta casa de estudios, aunque el segundo me fue otorgado por la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”; soy del pensamiento que mucho antes de estudiarla ya hacía filosofía. Ejemplo: cuando pequeño me iba a la escuela en donde aprendíamos de memoria las lecciones, y yo me decía a mí mismo que daría igual estar en quinto grado que en sexto, ya que en todos los casos solo consistía en aprenderse de memoria las lecciones y no hacía falta comprender absolutamente nada de lo que memorizábamos. O cuando tenía apenas unos 10 años de edad y pensando en todas las dificultades que teníamos en la casa me imaginaba que lo que estaba viviendo no era del todo real, y que esperaba que mis padres me revelasen el secreto de que en realidad yo era parte de un experimento en que se me hacía creer que todo lo que vivía era real para saber cómo uno reacciona ante tales situaciones pero que en verdad ninguno de mis familiares ni mis amigos eran reales sino solo partes del experimento. Considero que el haber pensado esas cosas, independientemente a las razones que las hayan motivado, ha sido verdadera filosofía, aunque nunca les hubiera dado esos rótulos si no hubiese estudiado esta especialidad. En “La Risa Fuerte”, como se observa en la tapa del mismo, el problema filosófico que se plantea y se trata de responder es: ¿Vivimos de verdad los seres humanos o solo pasamos por la existencia al igual que las plantas y los animales? Debo decir respecto a la pregunta que no había encontrado la misma en ningún libro, que no he encontrado, en mis estudios de filosofía ningún autor que la haya planteado ni respondido. Creo que esto se debe a que toda mi formación previa a la filosofía ha sido de agropecuaria. Soy Bachiller técnico agropecuario y tengo dos años de estudios terminados de Veterinaria en la Universidad Católica de Coronel Oviedo. Así que la experiencia me pudo haber condicionado a pensar en el tipo de vida que tenemos los seres humanos en relación a la que tienen las plantas y los animales. ¿Cuál es la línea de reflexión y las respuestas? El problema de fondo que se plantea es en realidad la diferencia de la vida humana en relación a la de los animales y las plantas. Como protestándose en este libro en contra de la concepción biológica que define al ser vivo como todo ser que nace, crece, se reproduce y muere y que, por lo tanto, nosotros seríamos solo un grupo más de seres vivos sin ninguna diferencia esencial de las plantas y de los animales. En la línea de pensamiento que  se ha elaborado se encontró que considerar a los seres humanos como uno más de los seres vivos no es del todo incorrecto, especialmente observando al ser humano cómo vive y no tanto cómo debería de vivir: la famosa dualidad entre el ser y el deber ser. Para ello hay que fijarnos en la forma en que viven las plantas y los animales: Cada uno de los seres vivos ya traen en sí una codificación que les indica exactamente lo que deben hacer. Así una planta trae en sus genes el tipo de hoja que deben tener, sus colores, su grosor, su actividad fotosintética, etc. De igual manera, y por su cercanía a los seres humanos, los animales traen todas las informaciones genéticas de sus características fenotípicas, es decir de cómo deben ser, pero también de cómo deben comportarse o qué deben hacer. A esto último lo llamamos instintos: así el ave hace su nido, en el tiempo y en la forma en que lo debe hacer, no porque lo haya decidido hacer, sino porque es lo que le dicta su instinto. De igual manera las marranas (cerdas) tienen cópula con los verracos (machos) no porque le parezca atractivo el mismo o que decida reproducirse, todo ello está en su instinto de reproducción. Los animales y las plantas viven el imperativo de su naturaleza, hacen exactamente lo que deben hacer en el tiempo en que lo deben hacer. Observando la historia de los seres humanos en donde prevalece la racionalidad antes que el instinto, a diferencia de los animales, ocurre algo muy particular: en el ser humano se ha suplido el instinto animal por la presión social, las normas que la sociedad exige a sus miembros que las cumpla vienen a sustituir en los seres racionales lo que los instintos hacen en los irracionales (Bergson, -1932- 1996). Este descubrimiento de Bergson ha explicado muchos de los fenómenos que uno racionalmente se pregunta respecto a ciertas conductas humanas: ¿Qué justifica que ciertas acciones irracionales se realicen con toda naturalidad por los seres humanos? Las guerras son totalmente irracionales, pero la sociedad las pone como normas de conducta  ya sea para defender algunas posesiones como para apropiarse de otras. De la misma manera se ven miles de irracionalidades en las religiones pero ninguna es vista como tal desde la sociedad que profesa esa religión: en la India la gente muere de hambre pero nadie se animaría sacrificar una vaca para saciar su hambre porque tal animal es considerado sagrado dentro de la religión Hindú. En la religión Mbya Guaraní se asesinan a los hijos mellizos al nacer porque son considerados encarnación de la palabra de “Aña” (Diablo). Así que la sociedad no solamente normaliza las conductas irracionales hasta equipararlas con lo natural sino que inclusive presiona para que todo el mundo los observe, les obliga a cumplir.  La sociedad nos presenta cosas totalmente irracionales como naturales y obligatorias. Según nuestra reflexión este fenómeno es tan generalizado en las sociedades que prácticamente no ha habido sociedad alguna en la que no se obligue a las personas a cumplir con sus normas por más irracionales que sean. La forma de vida del ser humano se ha reducido por lo tanto  al cumplimiento de pautas sociales, culturales, religiosas, etc. Vivir significa, desde esta perspectiva, hacer lo que todo el mundo hace, pasar por la existencia, nuestra vida ya está predeterminada desde antes de nuestro nacimiento. Entonces, si ya está predeterminada mi existencia desde antes de mi nacimiento ¿se puede decir que vivo de verdad o solo paso por la existencia a cumplir con ella al igual que lo hacen las plantas y los animales? La respuesta dada en “La Risa Fuerte” es que si bien en todas las sociedades se ha vivido similarmente a las plantas y a los animales han habido algunos pocos seres humanos que han tratado de vivir de manera distinta, sobresalen entre estos claramente Sócrates, Jesús de Nazaret y Giordano Bruno. ¿Cuál es la particularidad de estos? Que todos han tratado de vivir conforme a sus propias convicciones y no conformarse a las pautas sociales de su época. Ante la crítica de los fariseos a Jesús de Nazaret de que estaba prohibido curar en sábado él, les responde, que “el sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. El hombre pues nace en una sociedad determinada y se debe enfrentar a los condicionamientos propios de su naturaleza animal y los propios de su condicionamiento social que hemos señalado. Pero el hombre puede vivir de verdad si no se resigna a hacer lo que todo el mundo hace, a cumplir con las normas sociales de su sociedad o los mandatos de la religión en la que por casualidad ha nacido o pertenece. Para ello debe salirse de todo lo que la sociedad le ha enseñado y presionado a cumplir como si fuera natural y necesario cumplir y pueda optar libremente por la forma de vida que uno se plantee. Es decir, el hombre y la mujer vivirán verdaderamente el día en que sean autónomos, en que ellos mismos decidan por las cosas que de verdad les gustaría realizar. Dicho en otros términos, el día en que el ser humano descubra que es más importante que cualquier creación, que cualquier mandamiento, que cualquier creencia, y entonces decida vivir para él mismo y no para satisfacer a las exigencias sociales, culturales o religiosas entonces podrá comenzar a vivir de verdad. Acotando que las instituciones no son malas en sí mismo sino solo en la medida en que restrinja al ser humano en su existencia. El ser humano es como una planta de “Tajy”, está lleno de miles de posibilidades de desarrollo, con yemas que querrían desarrollarse en todas las direcciones, pero la sociedad es como el jardinero que la poda para que no desarrollen todas sus potencialidades. Las instituciones cumplen el papel de jardinero, de podador, le corta las potencialidades no útiles a la sociedad y le permite desarrollar solo lo que la sociedad necesita. Sin embargo lo mantiene mediocre, somos capaces de mucho más de lo que hemos desarrollado como personas individuales, cada uno de nosotros tenemos un Sócrates, un Jesús, un Giordano Bruno, un Galileo, un Miguel Ángel Buonaroti, un Einstein, etc. en potencia y quien sabe cuántas posibilidades más que quizá no se han llegado a desarrollar por  el simple hecho que vivimos no para nosotros mismos sino para la sociedad, para las instituciones que nos coartan de mil maneras para cumplir con ellas. El Problema del Sentido del existencia humana desde “La Risa Fuerte”

El “existir” ante el “vivir verdadero”

Así pues nosotros los seres humanos somos los únicos seres vivos que somos capaces de vivir de verdad en contraste con las plantas y los animales que solo pasan por la existencia cumpliendo con lo que su naturaleza le dicta. Vivir de esa manera no es vivir de verdad, es cumplir con las exigencias de su naturaleza. La capacidad primordial que nos permite realizar dicha forma auténtica de vida es la libertad. El famoso libre albedrío estudiado por muchos filósofos desde la antigüedad hasta la actualidad. Habría que explicar qué se entiende por libertad en este contexto de reflexión. Si para Agustín de Hipona se tenía que ser libre para poder recibir premios o castigos, conforme a las decisiones tomadas, se partía de la necesidad de justificar el juicio final, había un condicionamiento metafísico o de creencia religiosa. De la misma manera para el Barón D´Holbach el ser humano no era de ninguna manera libre ya que seríamos exactamente iguales a los animales y al no tener alma estábamos determinados a cumplir con las exigencias de nuestra constitución física. En “La Risa Fuerte” se concibe la libertad más bien en la línea de Sartre: El ser humano está condenado a ser libre, ya que todo lo que hagamos o dejemos de hacer es exclusiva responsabilidad nuestra, a pesar de lo que la sociedad nos exija, a pesar de lo que nuestra naturaleza física nos condicione. Antes que libertad propiamente hemos de hablar de liberación. Ya que todos podemos reconocer los grandes condicionamientos socioculturales en las que nos movemos y existimos. Así, se habla hoy en día de al menos 5 características socioculturales de la sociedad globalizada propiciada por los Estados Unidos de Norteamérica que nos condicionan fuertemente y que nos costaría mucho sacudirnos de ellas y vivir verdaderamente. Estamos en una sociedad globalizada en la que se promociona e impulsa el consumismo, comprar hasta las cosas innecesarias como indispensables; el materialismo, valorar y valorarnos por los bienes materiales de que disponemos, uno es lo que tiene; el hedonismo, buscar el placer en todas las cosas y huir del dolor; el individualismo, si a uno le va bien no importa lo que le ocurra a los demás, “uno para sí y Dios para todos” y finalmente el relativismo, no existen verdades absolutas sino solo meras opiniones, las cosas dependen del cristal con que se las mire. Yo puedo querer vivir de verdad, determinar autónomamente mi existencia, por sobre los condicionamientos biológicos y socioculturales, pero requerirá de una profunda reflexión de todas las cosas que usualmente hago cotidianamente, que consideramos naturales, cuando en realidad son creaciones humanas. Deberé decidir si voy a misa o no, si pido la bendición o no, si me visto de esta manera o de aquella otra forma, si participo de una agrupación política o no, si trabajo o no, si me caso o no, si estudio o no, ya no se justifica ninguna acción realizada por obligación: no hay moral si no hay libertad. Es decir, nada de lo que haya hecho por costumbre, por presión social, por obligación externa tiene valor ético, no son buenos ni malos, son actos sin valor.

El ser humano como único viviente verdadero

El único ser vivo que puede auto-determinar su existencia es el ser humano. Es por eso que defendemos que es el único ser que puede vivir de verdad. Sin embargo sabemos cómo han terminado su existencia los únicos que han tratado de  vivir de verdad: Sócrates, fue condenado a tomar cicuta; Jesús, terminó en la cruz; Giordano Bruno, fue echado vivo a la hoguera… Ellos han vivido su vida desde su autodeterminación independientemente a los valores de la sociedad de su época. Fueron considerados enemigos de la sociedad civilizada, eran reacios a cumplir con las obligaciones sociales y entonces la sociedad tuvo que asesinarles.

El sentido de la existencia humana: la vida autónoma

Una vida auténtica es la que cada una en su libertad profunda se auto-determina seguir. Si bien nosotros estamos encadenados por todos lados a pesar de haber nacido libres (Rousseau, -1762- 2007) debemos conseguir nuestra liberación por la concienciación de nuestra situación de encadenamientos a distintos factores. En la actualidad se pueden enumerar los encadenamientos que la sociedad norteamericana nos inculca a través del proceso de globalización (Consumismo, materialismo, hedonismo, relativismo, individualismo), que serían los grandes eslabones de nuestra esclavitud contemporánea. Pero, sin necesidad de recurrir a tales generalizaciones, se deberían de encontrar cadenas mucho más fuertes aunque menos perceptibles: las historias que nos cuentan; las creencias que la sociedad tiene; los mandamientos religiosos que nos inculcan desde pequeños; las costumbres que  nos inculcan; los valores que practicamos; la forma de enseñanza y aprendizaje y en fin, desde aspectos grandes hasta cosas aparentemente tontas que pareciera ser deben permanecer en lo secreto como si fueran temas prohibidos: la forma más adecuada de asearse, de tener relaciones de parejas, etc. No existe ninguna instancia superior al ser humano: todo lo que existe en este mundo es creación humana, inclusive la idea que podamos tener de “dios”, la religión, la escuela, la familia, la política, y cualquier otra institución es instituida por el ser humano para la satisfacción de alguna necesidad, no para su aprisionamiento, para su encadenamiento. El sentido de la vida es por tanto vivir libremente, que cada uno en su madurez pueda abandonar los apoyos que en la inmadurez ha requerido para sobrevivir en sus primeros años de vida. Para ello va a tener que luchar contra toda la sociedad y su súper- estructura que está preparada para mantener dominado a ese ser humano, para que éste siga creyendo que está en lo correcto cuando hace lo que todo el mundo, cuando se subyuga a las creaciones de otros, cuando tenga que trabajar para mantener instituciones que se han creado sin que él ni siquiera haya estado en los planes de sus padres…. La vida sin esa asunción libre de todo lo que atañe a su existencia personal y única no solamente no tiene sentido sino ni siquiera es vida.   Conclusiones Es momento de tomar conciencia que todas las instituciones, todas las formas de vida, fueron creadas por el ser humano para el ser humano, que “el sábado ha sido creado para el hombre y no el hombre para el sábado”.  Si queremos vivir y no simplemente pasar por la existencia deberíamos no solamente tomar conciencia de esto sino asumir la responsabilidad de nuestra existencia creando nuestro propio estilo de vida, rechazando aquellas formas y estructuras que nos menguan como seres humanos y asumiendo aquellas que faciliten el desarrollo de todas nuestras capacidades humanas históricamente cercenadas para el desarrollo de religiones, organizaciones sociales, organizaciones políticas, etc… Tabla de Referencias Astorga Bogado, W. M. (2014). La Risa Fuerte. Asunción: Litocolor. Bergson, H. (-1932- 1996). Las dos fuentes de la moral y de la religión. Madrid: Tecnos. Frassineti de Gallo, M., & Salatino, G. (1992). Filosofía. Esa búsqueda reflexiva. Buenos Aires.: AZ Editora. Hernández Sampieri, R., Fernando Collado, C., & Baptista Lucio, P. (2010). Metodología de la Investigación . Perú: McGraw-Hill. Krause, R. (1986). Introducción a la Investigación Filosófica. México: UNAM. Rousseau, J. J. (-1762- 2007). El Contrato Social. Buenos Aires: Gradifco.   La Risa Fuerte. Primera obra filosófica del conferencista. Cuando se cita sus ideas en esta conferencia no se citará la fuente ya que toda la conferencia se basa en la misma.  
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